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13 dic. 2012

Tengo hambre...



            Es la primera vez que un desconocido me suelta esa frase.

            La crisis económica está teniendo efectos devastadores en la vida de los ciudadanos. Mientras las empresas cierran, se produce una sangría con las extinciones de puestos de trabajo y la gente acaba durmiendo en la calle y comiendo de los contenedores de basura (personas que pertenecían a la clase media, con su trabajo, su préstamo para el coche y su hipoteca, que jamás pensaban verse en esa situación), los políticos siguen dando prevalencia a las directrices que les marca la (interesada) Sra. Merkel y llevando a cabo una política basada en echar mierda sobre el contrario para ganar votos mientras tapan las vergüenzas propias.
            Es más que evidente que la clase política no está preparada para sacarnos de la crisis. No lo están ni académicamente (muchos carecen de formación) ni moralmente (véase la austeridad que nos piden a los ciudadanos de a pie mientras continúan con sus privilegios). Mientras que el escenario político de nuestro país no cambie, las cosas sólo pueden ir a peor. Mientras tanto, oigo decir a muchos: “bueno, tarde o temprano saldremos de la crisis, no creo que podamos hundirnos más aún”. Y yo les digo: “mirad Grecia”.
            Por suerte, los peores efectos de la crisis aún no me han tocado de cerca. Digo aún, porque hoy día no existe una certeza a corto/medio plazo de lo que le puede ocurrir a uno. No obstante, es imposible ignorar lo que está pasando alrededor. Es imposible no indignarse cuando ves el telediario u oyes la radio y, tras la noticia de un nuevo desahucio, hablan de otro político más que ha robado dinero público a manos llenas. Dinero que es de todos. Dinero que se hubiera podido invertir en políticas de creación de empresas y de empleo. Pero no, esa pasta gansa ya anda por algún que otro paraíso fiscal. El Gran Wyoming afirmó que (no es literal) “el gobierno de un país debería ser como el presidente de una comunidad de vecinos: ser un cargo no retribuido; lo malo es que entonces nadie querría gobernar España y, como en una comunidad de vecinos, lo harían por sorteo”. Gran verdad.

            Ayer la crisis me golpeó directamente en los morros. Me provocó una herida en el alma que va a tardar en cicatrizar. Salí de mi trabajo para realizar unas gestiones. Aparqué la moto frente a una administración pública, agarré mi maletín y me dispuse a cruzar la avenida. Entonces, una voz detrás de mí me dijo: “¿me das una moneda?”. Reconozco que no tengo la costumbre de dar dinero a nadie, sobre todo porque es bastante habitual, al menos en mi localidad, que te pidan dinero por la calle para gastarlo en cerveza o tabaco. No pienso pagar sus vicios a nadie. Por tanto, mi reacción instintiva fue levantar la mano en gesto negativo.
            Cuando cruzaba la calle, la persona que me había pedido el dinero me soltó: “¡tengo hambre!”. Me giré entonces sorprendido, y me encontré de frente con un anciano cuya barba de varios días sumaba dramatismo a su gesto triste.

            Desde ayer no puedo quitarme esas palabras de la cabeza. Es muy doloroso que en la España del siglo veintiuno, un ciudadano anónimo le diga a otro en plena calle que tiene hambre. Nadie debería pasar hambre en el mundo (de hecho dicen que, con la comida que se produce todos los días, hay de sobra para dar de comer a toda la población mundial, lo que pasa es que los gobiernos no se implican en hacerlo realidad), pero mucho menos debería pasar hambre un ciudadano en un país del supuesto primer mundo, donde los políticos ganan una pasta gansa sin tener responsabilidad alguna.
            El presidente de Uruguay, del que sostienen ser el más pobre del mundo, soltó una frase contundente que debería ser lo primero que enseñaran a la pandilla de ladrones que tenemos gobernándonos: (no literal) “yo me aplico la austeridad a mí mismo; no podría vivir sumido en el lujo mientras un solo uruguayo pase hambre”. Tomad nota, si es que tenéis un poco de conciencia.

            Mientras tanto, desoíd las mentiras de nuestros gobernantes. He aquí el blog de un economista que no tiene pelos en la lengua, y que prevé un futuro incierto para nuestro país.

            Un abrazo.

1 comentario:

  1. Ojalá y se produzcan todos esos cambios que realmente necesitamos para salir de esta crisis provocada, pero la verdad es que lo veo jodido. Porque a la hora de la verdad solo unos pocos se movilizan para que haya un cambio global en nuestras conciencias, y mientras eso no pase, los políticos seguirán riéndose del resto, ya que a ellos esto no les afecta.

    Gran reflexión tío, voy a echar un vistazo al enlace que dejas.

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