Poco a poco voy
agotando la pila de libros pendientes que arrastro desde hace tiempo. A pesar
de que voy añadiendo nuevos títulos, la acumulación de obras se estaba
volviendo exasperante, por lo que decidí meterle caña a una de las que tenía en
espera desde hacía meses. ¡Y qué ganas de hincarle el diente, mother of god!
¿El título? Calles de Chatarra.
¿El autor? Alejandro Guardiola.
¿La editorial? Palabras de Agua.
Dos fueron los
avales que me convencieron para hacerme con Calles de Chatarra: el principal, ser la
primera publicación de la jovencísima editorial Palabras de Agua, cuya edición se financió con el método del crowdfunding (pagas para que el libro se publique
y, si no se logra la cifra necesaria, el libro no se edita y se te devuelve el
dinero). Lanzarse a un proyecto empresarial hoy día, máxime si ese proyecto es
la edición de libros, demuestra una valentía sin parangón por parte de sus
promotores, pues la cosa está que arde en todos los ámbitos, y el de la cultura
no es una excepción. Por tanto, entiendo que es necesario apoyar iniciativas
como la de Palabras de agua. En segundo lugar, porque la obra Calles de Chatarra
fue finalista del premio Minotauro en su edición del 2006, y ello siempre
debería ser una garantía de calidad.
La portada es una
pasada. Vemos a un trasgo apoyado en la pared de un callejón, su silueta
diluida por el humo de las alcantarillas, de un cigarro, y por la que se
adivina la luz amarillenta de una sucia farola. Cerca, una mancha de sangre en
el suelo y un brazo extendido... Una ilustración muy ilustrativa, valga la
“rebuznancia”, de lo que hallaremos en las páginas del libro. Un gran trabajo
del cada vez más reconocido, y con razón, Daniel Expósito Zafra.
En resumidas cuentas,
Calles de Chatarra narra parte de la vida de Irina Gryzina, policía de la
ciudad de Semura, escenario donde transcurre la acción de todo el libro. La
vida de Irina está condicionada por un escalofriante suceso de su niñez, que
marcará tanto la personalidad como el futuro de la joven policía. Irina se verá
metida de lleno en la investigación de unos brutales asesinatos que están
ocurriendo en la ciudad. Durante la investigación, acompañaremos a Irina por
los bajos fondos de Semura, donde encontraremos a mafiosos, revolucionarios,
traficantes, asesinos a sueldo, policías corruptos… No deseo extenderme más,
pues no quiero dar pistas del argumento que puedan fastidiar las sorpresas que
nos aguardan en la obra. Lo que sí quiero resaltar es el método narrativo
utilizado por el autor, con constantes saltos temporales que, si bien al
principio lían un poco, a las pocas páginas estaremos tan acostumbrados a ellos
que la lectura se agiliza muchísimo. Alejandro domina con maestría el don
narrativo.
Como puntos fuertes
debo señalar el elaborado contexto creado por Alejandro, para nuestro deleite.
Sin profundizar demasiado, nos presenta una ciudad medio en ruinas, debido a
una guerra pasada entre humanos e inhumanos, guerra perdida por estos últimos.
Tras la victoria, el gobierno de turno impuso una serie de restricciones a las
libertades de los inhumanos como, por ejemplo, la obligación de los trolls de
llevar un torque en el cuello desde pequeños. Estas imposiciones crean una
silenciosa pero permanente tensión entre ambos bandos, obligados a convivir
como ciudadanos de primera y de segunda. Semura es una ciudad decadente, y Alejandro
nos la ha sabido dibujar de forma magistral. Porque Semura es, sin duda, parte
importante de la novela. Es un ente vivo, un ente enfermo plagado de parásitos.
Podría decir que Semura es la bestia que encierra el mal en su interior, y todo
lo que habita en ella se corrompe. Llega a ser una entidad más con
sustantividad propia dentro de la obra. Otro de los grandes aciertos es la
profundidad que alcanza el autor con los personajes. Con pocos trazos,
descubrimos una psicología compleja en cada uno de ellos, sus propias
motivaciones, todas creíbles, sus propios pasados y sus propios destinos. En
concreto, me ha gustado muchísimo las constantes referencias a un personaje que
no aparece en toda la novela, pero que ayuda a perfilar la personalidad de uno
de los protagonistas. Hablo de la esposa enferma del policía Mich. Otro personaje
que me ha encandilado ha sido Juan Granito. Me ha enamorado por su complicada
simplicidad. Además, el carácter autodestructivo del que hacen gala todos los
habitantes de Semura en general, es un buen ingrediente que ayuda a crear una constante
tensión, palpable para el lector. La historia en sí es otro punto fuerte a
añadir en el lado positivo. Es una buena novela negra que mezcla elementos de
fantasía, y que te mantiene pegado a sus páginas loco por saber qué es lo
siguiente que va a ocurrir, qué es lo siguiente que Irina descubrirá, qué
planea el mafioso Chatarra, quién va a morir… Alejandro se refiere a los seres
fantásticos que pululan por Semura de manera tan natural, que acabaremos
pensando que nosotros mismos estamos rodeados de trasgos, hadas, trolls y
lamias, de tan humanizados que los dibuja.
El nombre es otro
acierto. La chatarra es un elemento que evoca la mala calidad, lo miserable.
Como las calles de Semura. Como el matón, Chatarra, que transforma en vil todo
lo que toca. Chatarra es dueño de las calles de la ciudad. Calles de Chatarra,
le viene perfecto.
Sin embargo, no todo
es positivo en esta obra. Tiene un gran PERO, y lo tiene justo en su final.
Estaba muy emocionado con la obra en general y, en las últimas veinte páginas,
todo se viene abajo. La historia se desinfla. Un argumento sólido desde sus inicios,
desaparece ante nuestras narices cual espejismo. Puede que esta impresión sea
personal, pero me gusta que un libro quede perfectamente cerrado, o de pie a
una segunda parte, descubriendo algunos de los misterios sembrados a lo largo
de las páginas y dejando entrever que el resto se desvelará en próximas
entregas. Pero no.
¿Quién dijo que una historia debe
ser una esfera perfecta?
Ahora comienzan los ¡¡¡SPOILERS!!!
(TODO LO QUE VIENE A CONTINUACIÓN SON SPOILERS, HASTA LA SEÑAL DE FIN DE SPOILERS, ¿OK? NO QUIERO FASTIDIAROS EL LIBRO)
Digo que el final no
me ha satisfecho, porque muchas de las subtramas quedan inconclusas o culminan
excesivamente rápido. Eso, por no señalar que el motivo principal de la
historia, la mano que ha tirado del hilo conductor del argumento durante varios
cientos de páginas, al final se queda en nada. No existe. Es humo.
Para empezar,
pensaba que las subtramas estarían relacionadas entre sí con motivo de algo
grande, algo tan impresionante que me dejaría con la boca abierta y con cara de
tonto (aún más). Los asesinatos del sacamantecas. El pasado de Irina. El
Mesías. La traición de dos policías hacia Irina. El mafioso Chatarra y la perseguida
venganza de Mark Hombre del Norte. Todo debía estar relacionado de alguna
sorprendente y maravillosa forma. ¡PERO NO! (Grito de desesperación).
En las últimas
páginas del libro descubrimos que el motivo del sacamantecas para eliminar a
quien elimina (aunque son spoilers no diré a quienes), es tan pueril, tan poco
importante, que ofende. Nada de trama compleja. Nada de motivo de peso. La
motivación de los personajes, entender por qué hacen lo que hacen, es el alma
de toda buena historia. Si los personajes hacen algo, persiguen algo, debe ser,
evidentemente, por algo. En caso del sacamantecas, nada de nada. En el caso de
la corrupción de los policías y la traición a Irina, nada de nada. No existen
motivos. No hay un por qué. Los personajes han hecho lo que han hecho porque
sí. A lo largo de la obra se gesta una revolución. Se indica que existen
reuniones clandestinas en la comunidad troll. Se habla de un Mesías, un troll
medio humano que acabará con las restricciones impuestas por los hombres tras
ganar la guerra contra los inhumanos. Pero tampoco. El Mesías desaparece sin
más. La revolución comienza sin más. No hay nada. Un lector ávido de sorpresas
inmediatamente imagina una relación entre el Mesías y la corrupción dentro de
la policía de Semura, un nexo de unión entre Chatarra y la venganza de Mark y
el sacamantecas, un embrollo padre. Pero nada de eso: cada subtrama es
independiente entre sí, y su único nexo de unión es que todo pasa en la ciudad
de Semura. Incluso el sacamantecas asesina a un personaje que nada tiene que
ver con los motivos que le llevan a matar. Por último, una de las tramas más
interesantes, la venganza de Mark Hombre del Norte sobre el mafioso Chatarra, se
desenlaza muy deprisa y de manera poco satisfactoria para este lector. Chatarra
aparece en un escenario en el que sabe que se encontrará con Mark, y lo hace…
¡solo! Un mafioso que tiene guardaespaldas, armas, matones etc… ¡aparece solo,
sabiendo que se va a enfrentar a la muerte! Y, sinceramente, el final de
Chatarra no lo he llegado a comprender del todo, pues no hay trolls en Semura sin
torque en el cuello, y a ninguno, a pesar de los enfrentamientos, tiros, peleas
etc… le ocurre lo que le ocurre a Chatarra. Ya digo, no sé por qué…
Me ha dado la
sensación de que el autor escribió un primer borrador con la trama de Irina, y
luego insertó la subtrama de Mark para engrosar el libro. Pero, como un puzle al
que le faltan algunas piezas y le sobran otras, me ha fastidiado bastante el
desenlace.
¡¡¡FIN
SPOILERS!!!
En definitiva,
Calles de Chatarra es un muy buen comienzo para la Editorial Palabras de Agua,
porque nos narra una apasionante novela negra con reminiscencias fantásticas.
La fuerza de los personajes y del contexto donde se desarrolla la trama es
brutal, y el uso del cambio de tiempo es magistral. Sin embargo, ese final, a
mí personalmente, no me ha llegado. Me he quedado con demasiadas dudas. Demasiados
interrogantes. No obstante, os animo a leer el libro, porque a pesar de los
pesares, tiene mucha chicha en casi toda su extensión. Y disfrutar, vais a
disfrutar un rato.
Un fuerte abrazo.
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