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29 ago. 2013

Un servidor ha leído "Degeneración", y...



Zombis. No muertos. Podridos. Y su evolución cual Pokemon: infectados.
¡Aaaaayyy, seres hediondos, de insaciable gula, continuo renquear, piel lívida y sometidos a una incontrolable nausea sanguinolenta! ¡Cuántas polémicas levantáis, vosotros enemigos del descanso eterno! ¿Alguien tiene un ambientador de pino por ahí para colgarme del cuello? No me gustaría convertirme en un zombi y apestarlo todo…
El fenómeno zombi arrastra muchísimos títulos literarios, cinematográficos, lúdicos… Es un ser exprimido hasta la saciedad por autores de todas las áreas de la cultura del ocio. No es la finalidad de este post repasar la historia del zombi, desde su origen en la religión vudú, las primeras películas de la tercera decena del siglo XX hasta la actualidad. Sí me pararé a comentar su situación en el panorama literario español en los últimos años.
¡Aaaaaay, zombi, pobre ser tan denostado!
El zombi de toda la vida no era más que un cadáver que se levantaba de la tumba con la sana intención de devorar cerebros humanos. Andaba lento e inseguro, como cualquiera tras una noche de borrachera, pero si lograba agarrarte con sus manos agusanadas, vive Dios que no te soltaba hasta que tu cerebro estuviese en su estómago, con el mismo ansia con el que trincas una botella de whisky en una noche de borrachera.
El zombi evolucionó hasta el infectado. ¿Qué diferencia al uno del otro? Pues que el segundo corre como si su mujer le hubiera llamado para ver dónde andaba y le hubiera amenazado con abandonarlo si no aparecía en menos de cinco minutos por casa… durante una noche de borrachera. ¿Qué comparten? Su amor gastronómico por los tiernos humanos, su hambre voraz, su ansia asesina. Unos corren, otros no. Punto. Si mañana el mundo quedara patas arriba por una pandemia, recemos porque la gente se convierta en zombi, y no en infectado. Al menos podremos reírnos un rato poniéndonos a dos metros de distancia del pobre infeliz y dar un salto hacia atrás cuando esté a punto de alcanzarnos con sus movimientos torpes de niño de dos años. “¡Uy, casi me pillas, lelo lelo lelo!”, nos burlaríamos entonando una ridícula musiquilla.

Me confieso un ignorante en el género, subgénero o como lo queráis clasificar, que me importa bien poco. He visto alguna que otra película, y la verdad es que jamás he sido amante del género. Quizás por los toscos guiones que se reducen a un montón de disparos, alguna piba con buena delantera y a un montón de sangre y vísceras por todas partes. Si hablamos de infectados, amigo, ya es otra cosa. La película “28 días después” me reconcilió con los hambrientos, y mi reconciliación fue plena con “Soy Leyenda”. En cuanto a literatura, he leído más bien poco. Hay por ahí, según cuentan, magníficas obras de escritores como Manuel Loureilo, Carlos Sisí y otros, pero aún no me he hecho con sus libros. El éxito arrollador de estas obras ha provocado una oleada de trabajos en los que, el no muerto, es la excusa para contar algo, trabajos que están teniendo buena acogida por parte del público lector a rebufo de las primeras. También ha provocado una reacción alérgica en cierto sector de nuestros escritores patrios, que se dedican a criticar el fenómeno zombi y a sus autores afines. Quizá más que rechazo por la temática, las ventas que generan sea el motivo de tanta saña.
En fin, que no pensaba incluir a corto plazo entre mis lecturas ninguna de la temática zombi, pero por esas cosas de la vida, cayó en mis manos la obra “Degeneración”, del autor David Pardo.


         

La estupenda portada es del genial ilustrador Juapi. Un diez. Es evidente que el título hace referencia tanto a la degeneración física de los no muertos, como a la psicológica del personaje. El título mola.
Publicada únicamente en la plataforma Amazon, me dediqué a leer los comentarios para hacerme una idea de lo que me esperaba entre sus páginas (virtuales). En general, la valoración del público lector es positiva, con opiniones muy entusiastas, que la califican de dura, diferente, fresca, brutal, recomendable, y otros muchos adjetivos positivos. También tiene valoraciones muy negativas, pero Amazon es como la vida misma: quien te quiera te pondrá por las nubes, y quien te odie te vilipendiará hasta decir basta.
En fin, intentando ser lo más objetivo posible, he ignorado el subtítulo que el propio autor propone para su trabajo en Amazon (“Degeneración, la novela breve de género Z que causa sensación en la red”). Supongo que con eso de que “causa sensación”, se refiere a las buenas reseñas que, en general, le han realizado diversos blogs.
Lo primero que me llamó la atención de la obra fue su brevedad. El autor la califica de “novela breve”, cuando se acerca más al “relato largo”. Degeneración no pasa de las 47 páginas en formato Kindle que, a ojo de buen cubero, pueden ser unos veinte o veinticinco folios, aproximadamente. Hago el cálculo basándome en un relato largo que tengo a la venta en la misma plataforma y que, entre pitos y flautas, alcanza los treinta y pocos folios; Amazon los convierte en 61 páginas.

Bien, dicho esto me centraré en el contenido de “Degeneración”.
Como en todo, tiene cosas buenas y cosas no tan buenas. En su parte positiva puedo señalar la prosa del autor. David Pardo escribe bastante bien. Tiene una prosa fluida, directa, que nos facilitará la lectura y hará que gocemos con las palabras. Hay varias expresiones que me sonaron raras, que me chirriaron, como por ejemplo “algunos trompicaron”, en el sentido de que tropezaron (¿por qué no usar mejor este verbo?), o “hice marcha atrás” cuando el protagonista conduce un vehículo. Creo que esa expresión no existe, o si existe no es del todo correcta, porque la marcha atrás no se hace, se mete, o se cambia, o se pone, o se da marcha atrás… pero hacer… nunca lo había oído. Ojo, que también puede ser ignorancia de un servidor, pero bueno.
En cuanto al argumento… pues no me gustó, no voy a engañaros. Ya he señalado antes que las pelis de zombis que se reducen a una masacre abusando de las escenas de sangre y vísceras no son lo mío. Pero en Degeneración, aunque el autor intenta ir un poco más allá, contando la historia de la evolución psicológica de un hombre en un contexto caótico como puede ser una pandemia zombi, a mi entender no logra su objetivo. Y ello porque:
¡SPOILERS! David pretende presentarnos a un sujeto de lo más corriente, padre de familia, amante esposo, que vive en un pequeño pueblo de Valencia porque prefiere una vida tranquila a la vida agitada de la ciudad. Y digo pretende, porque para mí es una incongruencia como un templo describirnos al personaje como persona de valores, pero luego se lía a tiros a la primera de cambio. Porque David nos cuenta desde la página uno cómo el listillo del protagonista ignora al ejército, que está evacuando los pueblos para llevar a la población a “puntos seguros”, y prefiere atrincherarse en su casa con su mujer y su hijo. Evidentemente la mujer no tiene nada que decir al respecto: obedece y punto. Ya digo que al principio del todo el personaje no me cayó bien por su chulería excesiva. “¡Qué idiotas!”, piensa de los vecinos que huyen en sus coches hacia los puntos seguros establecidos por el ejército, como si ya pudiera prever, cual profeta, que el ejército nada puede hacer contra los zombis. ¿Opina que el ejército nada puede hacer contra los zombis, y piensa que él sí puede estar a salvo atrincherándose en su casa? Me pareció un poco absurdo, la verdad. En fin, como decía, el protagonista, tras dejar claro que, como en su casa, en ninguna parte, se dedica a ver cómo la gente huye, a saquear una armería y un supermercado. Vale. Un tío que se empalma con un arma no es de fiar, al menos para mí. El relato largo transcurre entre típicas escenas de intento de llevar una vida normal entre un rebaño de podridos, y excursiones del protagonista para hacerse con alimentos y otros productos necesarios. El detonante que precipita el final de la historia es la llegada de otros supervivientes que aprovechan el caos para hacer lo que les viene en gana. Entran en su casa y abusan de la mujer del prota. El hijo se escapa, la madre va en su busca y el prota en busca de los dos. En fin, no contaré el final, por mucho spoiler que esté haciendo, pero el autor realiza un intento de desenlace emotivo basado en la necrofilia sentimentaloide que no me ha convencido para nada.
Es evidente que David ha perseguido como principal objetivo de la obra transmitir la evolución psicológica del personaje, desde un tipo normal, a un demente sin escrúpulos. Y creo que no lo ha conseguido. No lo ha conseguido por el simple motivo de que un desalmado de origen será un desalmado al final de su historia. Un tipo que prefiere atrincherarse con su mujer y su hijo en su casa, en lugar de hacer lo necesario para poner a salvo lo que más ama (ir a donde se encuentra el ejército), que desde el minuto uno está con las armas en ristre disparando aquí y allí, atropellando zombis y que, encima, disfruta con ello, no es para nada creíble. Y menos creíble aún es que el autor pretenda sorprendernos con su evolución final, con una especie de metamorfosis degenerante… de un tipo que no ha variado un ápice desde el principio del relato. Cosa distinta habría sido que el protagonista no hubiera logrado escapar del pueblo con su familia, que no hubiera tenido más remedio que coger un arma y, con todo el dolor de su corazón y aguantando las náuseas, se viera obligado a disparar a un zombi. Tras un zombi vendrían dos, tres y cincuenta. A medida que los elimina, su carácter se endurece y la historia culmina en un final potable. Ahí sí que habría considerado el relato algo digno de leer. Pero como lo plantea David… yo no lo compro, como diría aquel de las gafas. FIN SPOILERS.

En resumen: “Degeneración” es un relato corto típico de zombis, de un tipo que se lía la manta a la cabeza y, sin ningún reparo, acribilla no muertos por doquier. Sangre, vísceras y poco más, ideal para los amantes del género, que seguro pasarán un buen rato, pero poco recomendable para lectores más exigentes que busquen una buena historia. David Pardo es un buen escritor, de prosa ágil y convincente, pero tendrá que esforzarse un poco más en el aspecto argumental para satisfacer a determinados lectores.

            Un abrazo.

           

23 ago. 2013

¡Promoción por la compra de "Corazón de Piedra: Hecatombe!



            Cuando publicas un nuevo libro, todo medio de promoción es poco.
        Como escritor autopublicado en las plataformas digitales, te ves obligado a desempeñar distintos papeles en el proceso que va desde la creación de la obra hasta su definitiva publicación; como mínimo debes ser: escritor, corrector y maquetador. Hay quienes llegan a hacerse sus propias portadas y los ya imprescindibles books-trailers, que vienen a ser algo así como el tráiler de una película, pero en libro. Yo soy tan torpe que no me veo capaz de adoptar estos últimos papeles.
            Ahora bien, de lo que no te libras, si tus medios son escasos, es de la autopromoción. Los escritores que aspiramos a que nos lean utilizamos cada vez más las redes sociales, como facebook, twiter, instagram etc… Los blogs dedicados a la literatura son muy importantes para dar a conocer tu libro. Siempre encontrarás a blogueros interesados en leer y reseñar tu libro. El medio de promoción más efectivo es el boca-oreja, pues tus lectores se erigen como fundamentales a la hora de extender el nombre de tu libro entre nuevos lectores.
            Sin embargo, en ocasiones, algunos compañeros de letras te dan sorpresas, e inician desinteresadas campañas de promoción de tu obra sin pedir nada a cambio. Este ha sido mi caso.
          Ayer me encontré en facebook que el artista creador de la portada de mi libro, el gran Juapi, ha iniciado una campaña de promoción que beneficiará quien adquiera “Corazón de Piedra: Hecatombe” hasta finales de agosto. La promoción consiste en que el comprador de mi última obra debe enviarme la factura de adquisición del libro (Amazon te emite una), y Juapi enviará al lector una copia en digital del original de la ilustración, ¡personalizada con el nombre que quiera el comprador!
            ¿No es una pasada?
            Os dejo la ilustración del libro, por si no la recordáis:
           

             
        Recapitulando: quien adquiera de aquí a finales de mes “Corazón de Piedra: Hecatombe”, aparte de horas de diversión de mano del mecha Coloso y todos los personajes protagonistas del libro, también se llevarán de regalo, por un lado, mi relato largo de terror llamado “Víctor, los pasos de la mosca” y, por otro, una copia en digital personalizada de la ilustración realizada por el artista Juapi de la portada del libro.
            ¡Y TODO POR 0,99 €!
            Creo que es un gangazo, no sé qué opinareis ustedes…
            En fin, como diría aquél de la batamanta… ¡corred, insensatos!
            Un abrazo.

22 ago. 2013

"El arte sombrío", según YO...




                  Bienvenidos a Maringouin, Luisiana.
            Disfrutad de sus calles tranquilas, de sus gentes sencillas y de su entorno rural, de sus pantanos, de sus moscas y de sus secretos… Porque Maringouin parece un pueblo apacible, un lugar anclado en el tiempo y cuyos días trascurren en un sopor monótono y caluroso. Nada más lejos de la realidad. Un alcalde degenerado, un jefe de policía superado por las circunstancias, un joven maltratador, dos tipos misteriosos, un asesino en serie… todo un mundo de secretos inconfesables, aspiraciones incumplidas y sentimientos desbocados esperan ser descubiertos por el lector que se atreva a desentrañar sus misterios.


 


            

            Desde que en dos mil diez abrí mi cuenta de facebook animado por la potencialidad de la red como medio de promoción de mi primer libro, “Relatos de sal”, he conocido a muchísimos escritores, tanto noveles como profesionales (entiéndase estos últimos como aquellos que le sacan un jugoso rendimiento monetario al arte de la escritura). Como dice la expresión popular, entre esos autores hay de todo, como en botica: están aquellos que por tener un par de relatos de calidad discutible se consideran escritores; aquellos que han publicado varias novelas y lo anuncian con comprensible orgullo; aquellos están empezando y buscan ayuda de los más expertos; otros cuya humildad sorprende a pesar de su dilatada carrera literaria… He leído bastante de mis coleguillas escritores facebookeros, y de vez en cuando te encuentras agradabilísimas sorpresas. Este mundo funciona de la siguiente manera: escribes, alguien que también escribe se entera de que escribes y te presenta a otros que también escriben.
Conocí a Juan de Dios Garduño a través de mi compi de letras Carlos Rodón. El nombre de Juan de Dios me sonaba bastante, pues había visto publicidad de su primera novela, “Y pese a todo”, según parece un éxito de ventas, obra de la que se está preparando una película y todo. Mola. Además, Garduño ha creado su propio sello editorial, “Palabras de agua”, cuyos primeros títulos están empezando a ocupar las mejores posiciones en las estanterías de las librerías de todo el país. La cuestión es que Carlos Rodón me puso en contacto con Juan de Dios Garduño por un asunto promocional de su tercera novela (digo tercera, si no estoy mal informado), “El arte sombrío”. Garduño iba a publicar una antología de relatos basados en el universo creado en “El arte sombrío” y escritos por otros autores, por lo que Carlos tuvo a bien, muy amablemente, de hablarle a Garduño sobre mi persona. La cuestión es que me parecía un proyecto curioso y, aunque estaba muy mal de tiempo, adquirí el libro dispuesto a devorarlo y a preparar mi breve historia inspirado en Maringouin y su contexto.
            En resumidas cuentas, “El arte sombrío” narra la carrera contrarreloj de la policía de Maringouin, un pequeño pueblo de Luisiana, por atrapar al Comercial, un asesino en serie del que se sospecha ser autor del rapto de una joven del lugar, desaparecida recientemente. En la investigación participarán el jefe de policía de Maringouin, Loomi, y algunos agentes como Brian, uno de los protagonistas del libro. Contarán con la inestimable ayuda de Athman M. Charles, un atípico agente del FBI obsesionado con el caso del Comercial. Debo decir que Athman es uno de los mejores ingredientes de la novela, por su humor, por su actitud que roza lo demente, porque ambos, él y yo, compartimos el amor por los mojitos... Pero todo no queda aquí. Un rico compendio de personajes amenizará la trama con sus propios asuntos, personajes con un trasfondo muy trabajado y lleno de sorpresas, como Maddie, una anciana relacionada con el nazismo, Jack y Cooney, los chapuzas del pueblo, el viejo Sam, obsesionado con lo paranormal, la casquivana aunque reprimida esposa del alcalde, y dos personajes muy misteriosos que llegarán a Maringouin justo cuando los acontecimientos se precipiten, entre otros muchos. Para más inri, desde el principio de la novela, los personajes tendrán una presión extra: la inminente llegada del huracán nivel 4 Odette, que obliga al pueblo a prepararse para evitar una catástrofe.
            La portada mola tela. Un señor con cara de loco que tiene un cuchillo ensangrentado, obra del genial Daniel Expósito Zafra, un joven ilustrador que se está haciendo hueco en el mundo de la literatura gracias a sus magníficas portadas. Confieso que la frase que utilizan como gancho en la portada del libro me pareció harta presuntuosa: “¡Dejad de buscar! Tenemos a nuestro Stephen King”. Comparar al autor Garduño con uno de los maestros de la literatura de terror a nivel mundial me pareció exagerado… en principio. He leído mucho del gran Stephen King, y nada del autor de la novela que nos ocupa. De hecho, una de mis obras favoritas es “Misery”, de King. Pretender que un joven autor esté a la altura del maestro me sonó más a una estrategia de ventas que a otra cosa. Pero tengo que reconocer que, tras leer “El arte sombrío”, la frase ya no me pareció tan pretenciosa… Sí que Garduño y King guardan relación en cuanto a su estilo, sobre todo en lo que a capacidad de crear un entorno y unos personajes creíbles se refiere. Si me permitís la libertad de la palabreja, tanto King como Garduño son capaces de tridimensionar a los personajes de sus libros. Tienen el don de dotarlos no solo de su propia personalidad, sino de sus aspiraciones, pasado, miedos… y todo ello con pocas palabras, algo muy complicado de llevar a cabo y que, en mi calidad de autor, valoro mucho. Me ha encandilado esa capacidad de Garduño de dotar de un rico trasfondo a cada personaje que aparece en la obra, incluidos aquellos que no tienen una relación directa con la trama. Garduño tiene un don para crear auténticas personas. Va más allá de darle cuatro pinceladas a los protagonistas: Juan de Dios, como un experto escultor de almas, moldea a cada uno de ellos con mimo, los dota de una profunda y compleja psicología que nos hace comprender sus acciones, tanto que nos meteremos en su pellejo y compartiremos sus sensaciones.
            En cuanto al argumento, me ha gustado mucho. Y lo ha hecho por su sorprendente sencillez. Juan de Dios no se complica la vida cruzando mil historias con cientos de subtramas complejas. Es un autor que va directo al grano. Abre cuatro o cinco hilos argumentales y los reconduce haciéndolos confluir con maestría. Una de las mejores herramientas de Garduño para darle credibilidad a lo que cuenta es su prosa. La escritura del autor es directa, sin filigranas innecesarias, y muy cuidada; tanto lo es, que nos arrastrará desde el comienzo hasta el final de la obra sin que nos percatemos, como una suave corriente de agua. Durante las doscientas y pico de páginas de extensión de la obra, presenciaremos varios asesinatos, asistiremos a una investigación policial, a un amor en apariencia imposible, a los excesos de un odioso alcalde, a las elucubraciones de un dependiente de gasolinera… y a una serie de hechos paranormales perpetrados por dos misteriosos personajes ajenos al pueblo. Tiene el talento de desarrollar una buena historia con una base y trama relativamente sencillas.
            Tengo que señalar que el autor deja algunas interrogantes en el aire. Quizás es lo único criticable, desde mi humilde punto de vista. Ahora empiezan los SPOILER: Seguramente sea torpeza mía, pero eché de menos una explicación más profunda acerca de la relación entre la vieja Maddie y Rick, uno de los dos personajes más misteriosos de todos; también esperaba más del agente del FBI: su inusual conducta me hizo sospechar que se explicaría algún tipo de problema personal, en el trabajo o algo similar, como alcoholismo, expulsión del cuerpo del FBI por su obsesión con el caso del Comercial… Algo más. Tampoco aclara el autor los motivos que llevan al asesino conocido como el Comercial a hacer lo que hace. En fin, algunos flecos que me hubiera gustado que Garduño recortase, pero que no ensombrecen para nada la obra en su conjunto. De hecho, esas subtramas inconclusas han permitido que los autores que hemos participado en la antología pudiéramos desarrollarlas. FIN SPOILER.
            En definitiva: “El arte sombrío” es una historia compleja narrada de forma sencilla, llena de matices, con personajes muy trabajados, creíbles, que disfrutarán los amantes de los libros de misterio y terror. Sin duda, Juan de Dios Garduño está allanándose el terreno para ser considerado uno de los mejores escritores del panorama literario español actual. Al menos, uno de los que más me han gustado hasta la fecha. Tendré que echarle el lazo a alguna de sus otras obras…
            Si deseáis leer alguno de los relatos, he aquí el enlace a la página de facebook en los que el autor está colgando periódicamente los trabajos: https://www.facebook.com/ElArteSombrio?fref=ts
            ¿El motivo de un título tan curioso? Pues está basado en un poema de Dylan Thomas, "En mi oficio o mi arte sombrio", por si queréis buscarlo en San Google y echarle un vistazo.

            Un abrazo.

14 ago. 2013

Mi opinión personal de la obra "Panteón", del autor Carlos Sisí...



            Ya he repetido en varias ocasiones que no soy reseñador. Simplemente leo un libro y dejo mi opinión en el blog. Posiblemente el siguiente comentario sea uno de los que más trabajo me ha costado decidirme a expresar, y ello por varios motivos:
            -Porque el autor es un tío magnífico, de esos que se hacen cercanos a pesar del éxito que van alcanzando sus obras. Es uno de esos escritores humildes que tanto me gustan y de los que merecen ser apoyados por el público para encumbrarlo a lo más alto. No se parapeta en un halo de superioridad fruto de la fama de sus obras, sino que trata a todo el mundo de tú a tú, como debe ser.
            -Porque, tras pedírselo vía facebook, tuvo a bien firmarme un ejemplar de la obra que voy a comentar. Por ello atesoro el libro en la zona de mi estantería donde guardo las obras que más aprecio.
            -Porque no he leído ninguno de sus anteriores libros, aquellos que lo catapultaron al éxito literario, dedicados a un género totalmente distinto al que encara en el libro. No tengo datos objetivos, puntos de referencia en cuanto a su estilo que me permitan valorar de forma distinta su última obra. Esto es algo muy importante, pues debemos recordar que el autor, según he leído, es una eminencia en el subgénero que desarrolla en los libros que lo han hecho conocido, y que es novel en el campo de la ciencia ficción.
            Bueno, como no me gusta engañar y todo lo que voy a poner a continuación no es más que un ejercicio de sinceridad que nace de lo más profundo de mi corazón, allá voy.
            Conocí a Carlos Sisí, autor de Panteón, a través de algunos contactos de facebook, amigos y compañeros escritores que ya mantenían cierta relación con él antes de que triunfara con su saga de “Los Caminantes”. Según me comentaban, era un tío excepcional, con el que se podía hablar, y el éxito no le había cambiado el carácter ni un ápice. Hice lo típico, agregarlo como contacto y mantener un par de breves conversaciones con él, charlas en las que quedó corroborado que es una persona llana y muy amable. Cuando ganó el Premio Minotauro 2013 con su última obra, Panteón, en la que se alejaba de la temática zombi para abordar la ciencia ficción, mis deseos por conseguirla se multiplicaron por diez. No había leído nada del autor. Todo el mundo hablaba muy bien de “Los Caminantes”. Como soy amante de la ciencia ficción, decidí adquirir el libro. Pero qué mejor para un sentimental como yo que tener el libro firmadito por el autor. Ni corto ni perezoso contacté con Carlos para preguntarle cómo podía conseguir un ejemplar autografiado. Me comentó que iba a firmar ejemplares en Sevilla en las próximas semanas y, como a mí me era imposible trasladarme el día en cuestión hasta allí, no tuvo ningún reparo en dedicarme un ejemplar y dejarlo en la librería de turno para que me lo enviaran. Le estoy muy agradecido por ello.
            Bien, en ese momento estaba inmerso en una lectura de otro autor y, con lágrimas en los ojos, deposité Panteón temporalmente en la zona de mi estantería donde acumulo los libros pendientes. Cuando acabé la obra que tenía entre manos y, sin que nadie se diera cuenta, hice trampas y cogí “Panteón” postergando otras obras que me esperaban desde hacía semanas… ¡tantas eran las ganas por hincarle el diente! Abrí la primera página, me deleité una vez más con la dedicatoria de Carlos Sisí, pasé la siguiente y…


           

Panteón narra las aventuras y desventuras de dos chatarreros espaciales que se dedican a recuperar los restos de tecnología esparcidas por un escenario bélico tras una batalla. Venden esos restos y se van buscando la vida. En uno de esos escenarios se topan con un extraño objeto que deciden llevarse, con las pupilas trocadas por el símbolo del dólar. Ahí empieza su odisea, pues existen peligrosos grupos de poder interesados en dicho objeto, facciones que no tendrán reparos en utilizar cualquier medio para conseguirlo.
Los protagonistas, Ferdinard y Malhereux parecen un matrimonio mal avenido. Igual discuten por cualquier cosa que se abrazan con ternura. Viajan por el universo conocido en su nave espacial, Sally, y con su robot guardaespaldas, Bob. Los personajes principales no me han convencido. Ferdinard y Malhereux parecen la misma persona. Me ha costado discernir cuándo hablaba uno y cuándo lo hacía el otro, recordar quién de los dos es más valiente, más listo, más audaz que el otro, pues, cuando aparecían, no lograba distinguirlos. El robot Bob sí que me ha gustado, pero me ha parecido más un ejemplo claro de Deux ex Machina que otra cosa. Es decir, cuando todo parece perdido, cuando la cosa se pone tan fea que los protagonistas no dan un céntimo por su futuro, aparece Bob y arregla el desaguisado. Igual que Bob, los protagonistas van dando tumbos a lo largo del libro arrastrados por golpes de suerte. No he visto inteligencia en ellos, simplemente dos cuerpos moviéndose en un escenario comprometido empujados por el destino.
Luego existe todo un compendio de personajes y facciones que paso a comentar. Los Sarlab, una suerte de piratas espaciales sin escrúpulos ni piedad, y La Colonia, la fuerza administrativa que vela por un equilibrio en el universo, son los principales bandos que entran en escena durante la obra. Hay una tercera facción en discordia, pero el autor pasa tan por encima de ella que ni siquiera recuerdo el nombre (incluso no sé si lo menciona) ni explica el motivo por el que combate continuamente contra los Sarlab (a no ser que sea por la tecnología, pero esto no es más que una reflexión propia). Y eso es uno de los principales fallos que le veo a la historia. El autor nos deja claro desde el principio que existen tres facciones poderosas en el universo, pero no entra a dilucidar el por qué son tres, qué persiguen las tres y qué las hace luchar. En el caso de La Colonia sí que sabemos su objetivo que, como he comentado, es tratar de mantener la paz en la galaxia. Dentro de estos grupos existen personajes como Jebediah, que removerá cielo y tierra para conseguir el extraño objeto encontrado por los chatarreros y Maralda Tardes, una implacable agente de La Colonia, que acudirá al planetoide escenario principal de la historia para investigar la actividad bélica que se está llevando a cabo allí, entre otros.
Indicar que los Sarlab tampoco me han llegado a captar mi atención como debieran, como sujetos originales con entidad propia. Y no lo han hecho por un motivo fundamental: porque se supone que son escoria asesina y, sin embargo, he detectado demasiada disciplina entre los operadores de la nave insignia de los Sarlab. Es decir, cuando se hace referencia a ellos, se les describe como una masa de mercenarios sin corazón capaces de realizar los actos más deleznables. Sin embargo, cuando entran en acción, se asemejan más a un ejército de Stormtroopers disciplinados, tanto en tierra como en el interior de la nave insignia de los Sarlab. Según mi opinión, una cosa es lo que se cuenta de ellos, y otra cómo nos los describe el autor a lo largo de los capítulos. No podemos evitar detectar la intimísima relación que existe entre Jebediah, líder Sarlab, y Dark Vader, aquel asmático del casco oscuro que se debatía entre el amor a su hijo y la fidelidad hacia el emperador. Para resumir, decir que son primos hermanos. SPOILER: Ambos fueron humanos alguna vez pero, por circunstancias diversas, sus cuerpos de carne y hueso contienen componentes robóticos; ambos mantienen la disciplina entre sus hombres a través del miedo; la manera de hablar, de moverse y de castigar a los desobedientes son muy parecidas… Si el autor en lugar de llamar Sarlab a los sarlabs, hubiera denominado a la facción como “El Imperio”, y a Jebediah como Dark Vader, hubiera quedado una historia bastante potable, ramificación del universo Star Wars. Pero no es así. FIN SPOILER.
Otra cosa que no me llegó fue que algunas escenas no son del todo creíbles (dentro de la credibilidad de una historia de ciencia ficción, por supuesto). SPOILER: Por ejemplo, la capacidad de los protas chatarreros de traducir los dibujos que encuentran en una construcción subterránea del planetoide, como si de expertos arqueólogos se trataran, o curaciones milagrosas después de escenas seudodramáticas en las que parece que uno de los buenos se va a por pipas. FIN SPOILER.
No obstante, la obra te podrá parecer más o menos creíble, te podrá gustar en mayor o menor medida, pero si hay algo que realmente me ha molestado es la cantidad de fallos estilísticos de los que adolece, como la ausencia de acentos, las palabras repetidas o las frases mal construidas. Y me molesta no por el autor, alguien humano que, en su condición de tal, está expuesto al error, sino porque esperaba más de la edición de una editorial de renombre como es Minotauro. Creo que la editorial tiene la suficiente capacidad como para tener en nómina a muy buenos correctores que eviten daños oculares a los pobres lectores que buscamos una lectura medianamente bien escrita. Y no.
Otro punto que no me ha molado ha sido el tercio final de la novela. Lento. Desesperadamente lento. ¡Joder, que pase algo de una vez! Intentas avanzar pero ves que los personajes dan vueltas y vueltas sin llegar a ninguna parte (¡ojo, esa ha sido mi impresión personal!). Se echa de menos una mayor celeridad en los acontecimientos. Luego, acabas la historia y punto.
Una última apreciación. Sé que soy muy pesado, pero a pesar de que la portada es una flipada, tampoco guarda fidelidad cien por cien con el capítulo al que hace referencia… algo que también me molestó, qué voy a hacerle :b.
¿Es todo malo en Panteón? Por supuesto que no. Es una historia repleta de acción, tanto en el espacio como en planetas inhóspitos. La idea de partida es realmente buena, dos individuos que aprovechan los conflictos bélicos para hacer dinero revendiendo los restos de tecnología recogida tras las batallas. Muy muy muy chulo el argumento. Como dije antes, el robot Bob me encantó. Es una auténtica máquina de matar, sin inteligencia y, por ende, sin sentimientos. Mola. Además, en una de mis partes del libro favoritas, el autor describe con bastante desenvoltura la batalla entre dos gigantescas naves, y la manera en que narra el impacto de una de ellas contra la superficie del planeta es sublime. Además, Carlos guarda un as en la manga, relacionado con el líder sarlab, que llega a sorprender muchísimo. También me moló tela esa sorpresa.
Panteón es una novela de ciencia ficción light, perfecta para las nuevas generaciones de lectores que aún no han abordado historias de este género, que aún no se han acercado al universo Star Wars. Carlos Sisí crea todo un universo propio al que le podría haber sacado mucho más jugo, pero lo suficientemente atrayente como para que los lectores del género tengan algunas tardes de entretenimiento.
Moraleja: Panteón es un libro de ciencia ficción que no puede evitar las similitudes (íntimas similitudes) con otras muchas obras muy famosas, pero que hará las delicias de los lectores que no sean asiduos al género y deseen abordarlo por vez primera. Si no hubiera sido por esas semejanzas, posiblemente me hubiera gustado mucho más. A mí no me ha dejado una buena sensación, una sonrisita en la boca que invite a una relectura. Lo guardé (ya digo, como un tesoro por lo que significa más que por lo que me ha hecho sentir) y a otra cosa. Espero que la editorial pula los errores de estilo detectados (que son bastantes) para las siguientes ediciones.
¿Si voy a dejar de leer a Carlos Sisí por esta primera y desafortunada mala experiencia? Por supuesto que no. Todo lo contrario. Ahora estoy más intrigado que nunca con su saga de “Los Caminantes”. Y lo más probable es que me guste, pues no soy lector habitual del subgénero de zombis. Por ello, me será difícil encontrar similitudes con otras obras de no-muertos.

¡Un abrazo!