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31 oct. 2012

En Halloween o Todos los Santos, miedos de andar por casa...



            Intento hacer memoria de mis primeros miedos. Los descubro bajo un velo de preocupaciones renovadas con los años.
Creo que mi primer miedo fue a la oscuridad, a la noche, a las amenazas abstractas ocultas en las tinieblas de mi habitación.
            Mi segundo miedo fue a la soledad. Recuerdo que echaba de menos a mis padres cuando estaban ausentes, y cómo se reiniciaba la marcha de mi corazón cuando volvían.
            Mi tercer miedo fue a la realidad. Mi inocencia de niño se rompió cuando empecé a ser consciente de la maldad de las personas, lecciones aprendidas originariamente por las películas de sucesos que, mis allegados, aseguraban ser verdaderas: raptos, asesinatos…
            Mi cuarto miedo fue al entorno. Como un pollo que sale de su cascarón y descubre un mundo nuevo, empecé a relacionarme con más niños en el colegio, a ampliar el limitado mundo de mi casa y mi familia.
            Mi quinto miedo fue al fracaso. Debías estudiar para no suspender y ser alguien en la vida. Debías ser moderadamente bueno jugando al fútbol, al coger o al esconder, para que uno de los equipos te quisiera a su lado y no fueras un marginado.
            Mi sexto miedo fue a las mujeres. ¿Cómo debía acercarse uno a ellas? ¿De qué hablar con esos seres tan fascinantes como extraños?
            Mi séptimo miedo fue a la pérdida. Amigos que se marchan. Familiares que fallecen.
            Mi octavo miedo fue a la falta de dinero. Si no trabajabas, no podías comprarte una camisa, salir de copas, pagarte la matrícula de la universidad.
            Mi noveno miedo fue tener que dedicarme toda la vida a trabajos que no me llenasen como persona.
            Mi décimo miedo fue a no poder crear mi propia familia.
            Cuando superas el miedo a la oscuridad, pues te arropa en la noche y te procura el descanso; a la soledad, pues en muchas ocasiones es necesario estar solo para ordenar las ideas; a la realidad, porque aprendes que el mal es como una lotería, que puede tocarte aunque no lo esperes, así que es mejor no pensar en él; al entorno, porque aprendes técnicas de adaptación y acabas formando parte; al fracaso, porque el esfuerzo da sus frutos; a las mujeres, porque no son tan diferentes de los hombres; a la pérdida, porque al final, otros remplazan los huecos que dejan los seres queridos en tu corazón; a la falta de dinero, porque acabas adaptándote a lo que tienes; a dedicarme a trabajos que no me llenen, porque los compensas con aficiones que te llevan a la autorrealización; a crear mi propia familia, porque llega… siempre llega. Cuando superas todos esos miedos, aparece un miedo mucho mayor: el miedo a perderlo todo.
            La crisis ha dejado en pañales los miedos de toda la vida, aquellos de los que ahora te ríes siempre que tengas tu casa, tu familia y tu trabajo, y puedas comer y dar de comer a los tuyos todos los días. Este es el mayor miedo que tengo yo y que, seguro, comparto con millones de personas.
            ¿Fantasmas? ¿Calaveras? ¿Momias?
            Me río yo de esos miedos.
            La verdad es que, eso del “truco o trato”, siempre me ha chirriado.
           
            Un abrazo.

25 oct. 2012

Reflexiones...



            ¡Buf!
            Te levantas y te aseas. Desayunas dando cabezazos de puro sueño, te vistes y te vas a trabajar.
            Afortunado.
            Durante el trayecto en el coche, enciendes la radio para escuchar las noticias: los políticos siguen de gresca en lugar de agotar su precioso tiempo en buscar soluciones a la crisis; más expedientes de regulación de empleo; el paro sube de nuevo; el gobierno de turno se plantea poner un nuevo impuesto anual a los vehículos de motor; un pobre hombre de cincuenta y cuatro años que iba a ser desahuciado de su casa por el banco, se suicida…
            ¿Con qué ánimos afrontas tus problemas diarios con toda esta carga psicológica negativa? A pesar de que las cosas no te vayan mal (firmaría por quedarme toda la vida tal y como estoy ahora, ni mejor ni peor), porque tienes un trabajo, puedes pagar la hipoteca, puedes comer caliente varias veces al día… no puedes evitar contagiarte de ese pesimismo que se ha instaurado en la sociedad como algo habitual. No puedes evitar temer que mañana tú puedas ser otro número más en la cola del paro. Tú puedas ser otro expediente de desahucio dentro del impoluto archivo de un banco. Y es triste.
            La vida da muchas vueltas, inesperadas: crueles. Lo que has tardado en erigir durante años, a base de sacrificios, esfuerzo, voluntad… puede venirse abajo en un solo segundo, como un castillo de naipes.
            Mientras tanto no queda más remedio que seguir luchando. Seguir levantándote cada día, aseándote, desayunando, oír la radio de camino al trabajo, con la esperanza de que ese día se repita una y otra vez lo que te queda de existencia, cual día de la marmota.
            Luego vuelves a casa con el temor un poco atenuado. Ha pasado otro día y tu situación no ha empeorado. Bien. Otra pequeña victoria. A ver qué pasa mañana.
            Y enciendes el ordenador, abres el archivo de tu último trabajo literario, y desconectas. Te sumerges en un mundo que tú has creado, una realidad paralela pero igual de real que la que vives día a día. Un esfuerzo extra. La cabeza funcionando a mil por hora. Los dedos insuflando vida a los personajes a través del teclado del ordenador.
            ¿Merece la pena tanto esfuerzo?
            Sí. Merece la pena. Porque luego hay quien lee tu obra. Quien habla de ella. Quien la critica. Y eso llena de orgullo y te hace abrazar la almohada por la noche con un pellizco en el estómago, una sensación de felicidad que, ni siquiera la crisis tan cruel que estamos padeciendo, te puede arrebatar.
            Agradezco a todos los que dedican un poco de su tiempo a leer mis obras y a reseñarla. Os dejo varios enlaces que llevan a las últimas reseñas que me han hecho de “El alma que vistes”.

            Un abrazo.

9 oct. 2012

El ingrediente que faltaba y dos reseñas más...



En la entrada anterior os hablé sobre el protagonista de mi nueva obra, en proceso de escritura. Ian Malone, un tío egoísta inmerso en una vida caótica que, debido a los azares del destino, presencia cómo la vida de los demás se va desmoronando mientras la suya se recompone. En la historia no falta acción, suspense, fantasía y otros tantos ingredientes fundamentales con los que me gusta construir mis obras. Quien me haya leído sabrá a qué me refiero. No obstante, a medida que iba dando forma a la existencia de Ian Malone, notaba que a la obra le faltaba algo. No sé, libros como el que estoy preparando existen a patadas, algunos muy conocidos y otros que jamás llegaron a despegar. ¿Cuál debía ser el factor que estableciera la diferencia entre el mío y el resto? Pues estaba en mi papel de amo de casa cuando, sin previo aviso, la inspiración tocó mi hombro y me susurró al oído. Ignoro si es una buena idea o no, pero me parece que el nuevo giro que estoy dando a la historia le sumará originalidad, que es lo que siempre busco en mis escritos.
            Hoy es todo lo que os puedo adelantar.

            Por otro lado, vengo con dos nuevas reseñas de “El alma que vistes” bajo el brazo. En realidad una de ellas reseña el libro completo y, la otra, la segunda parte, “Mario”.
            La primera reseña viene de la mano del blog “Caminando entre libros”, y me ha servido para reflexionar profundamente. Si bien la reseña es positiva, y la administradora del blog deja claro que le ha gustado el libro, en dicha reseña explica tan poco del contenido, pasa tan de puntillas sobre el fondo de la historia, que prácticamente no dice nada. No quiero que se me malinterprete: mejor así. Me gusta que los lectores que dan una oportunidad a mis obras se sorprendan desde la primera página. La administradora del blog lo hace genial señalando cuatro o cinco ideas generales de la obra para no destripar lo bueno. Sé que se lo he puesto muy difícil, pero una reseña de ese tipo puede llegar a ser contraproducente, porque casi no se desvela nada del libro, lo que provoca que los lectores potenciales casi no lleguen a vislumbrar lo que se esconde detrás del título. La consecuencia de todo: que pueden mostrarse reacios a leer “El alma que vistes” teniendo en cuenta la ingente oferta de libros electrónicos que pulula por la red. Mejor leer uno del que ya sabemos algo que otro del que no tenemos ni idea de qué trata. Desde aquí les animo a que lean el libro, y no porque lo haya escrito yo (:D) sino por Don Íñigo y la abominación, por las hermanas Ana, por Santa Fortuna, por Vella, por las Carboneras, por los amantes de “La señal púrpura” y por tantos y tantos otros personajes que aparecen a lo largo de las páginas colaborando con su pizca de magia a que el libro sea todo un festival de imaginación y fantasía. Me reitero en el agradecimiento al blog “Caminando entre libros” por el tiempo dedicado a leer y reseñar “El alma que vistes”, pero no podía dejar de hacer esta apreciación en mi blog. Un abrazo desde aquí a Xula ;D. Os dejo el enlace a la reseña:

            La segunda reseña, que se refiere a la parte dos de “El alma que vistes”, “Mario”, también es muy positiva. Ha tenido a bien realizarla el administrador del blog “Lasletrasmolan”. Aunque esta vez sí que se destripa algo más del argumento, me ha llamado la atención el comentario que hace el administrador del blog con respecto a uno de los relatos que aparecen en esta segunda parte. Me ha llamado la atención, digo, porque ya me han hecho comentarios similares otros lectores. Y es que el administrador del blog indica que “La señal púrpura” le ha gustado mucho, tanto que podrían hacer una película de ese relato, según afirma. Os dejo la literalidad de su frase: “Especialmente llamativo es el de La señal púrpura, que no quiero desvelar y que sería merecedor de ser llevado al cine como una versión romántica de Mátrix o de Abre los ojos. Ya no quiero decir más, prefiero que lo leáis vosotros si tenéis ocasión, porque a mi juicio es increíble”. Como siempre, agradecer al administrador del blog el trabajo de lectura y reseña realizado. Os dejo el enlace a la reseña:

Y, por ahora, esto es todo. Como siempre, animaros a que os acerquéis a mis obras, a que le deis una oportunidad, las saboreéis y disfrutéis con tranquilidad. No quedaréis defraudados.

Un abrazo.

4 oct. 2012

Nuevo proyecto y promociones...



            Algunos datos y promoción…

            ¡Buenas tardes a todos!
            Bien, creo que va llegando el momento de desvelaros un poco del argumento de mi nueva obra, tras poner punto y final a “El alma que vistes”. Esto de escribir es una afición que te roba muchísimo tiempo, pues no te limitas a diseñar el argumento de un nuevo libro, sino que encima tienes que preocuparte de que el resto de tus obras, esas en las que volcaste la misma ilusión, no caigan en el olvido del lector. Hay que moverlas, promocionarlas, pedir que te hagan reseñas… Mucho, mucho tiempo. Sobre todo para alguien que no tiene de eso, por más que rebusco en mis bolsillos…

            En fin, os hablo un poco del proyecto en el que me he embarcado ahora.
            Primero, lo más importante: el protagonista.
            El protagonista de mi nuevo trabajo se llama Ian Malone. Es un joven que no alcanza la treintena, gruista de profesión y mujeriego de condición. Es un solitario, pues los desmanes de la vida le han enseñado a protegerse de preocupaciones ajenas. En las primeras páginas conoceremos un poco de su personalidad que roza… lo misógino. Está inmerso en el estudio de unos manuales para realizar unos exámenes de ascenso en su empresa. Unos exámenes muy, pero que muy especiales. Ian está metido en líos, pues no conoce otra forma de vida desde que tiene uso de razón. Un hecho que aún no voy a contar pondrá su vida patas arriba… o quizás no, quizás su vida ya estaba patas arriba y este hecho logre encarrilarle por la senda correcta.

            Y para celebrar que llevo bastante avanzado este nuevo trabajo, os voy a hacer un regalo: durante mañana viernes 5 de octubre, “El alma que vistes” en sus dos primeras partes, estará gratis en Amazon, para quien aún no se haya animado a echarle un vistazo pueda hacerlo sin ningún coste. He aquí los enlaces:

            https://www.amazon.es/dp/B007KANZGY (Primera parte, “El abuelo”)
            https://www.amazon.es/dp/B007QUYEYU (Segunda parte, “Mario”)

            No escatiméis ni en votos ni en comentarios, por favor :D.

            Por cierto, la bloguera Ruth G. Pimienta, del blog “La Conspilación Pimienta”, ha comentado las tres partes de “El alma que vistes” en tres entradas distintas. Podéis leerlas para haceros una primera opinión antes de hincarle el diente al libro:
           

            ¡Un fuerte abrazo!